miércoles

Ni amor

Te extraño desconocida 
o extraño los días
en que podía conocerte
Chamuyo 1

Estoy congelado
cansado de quemar
con mi hielo
Espero tus manos
de fuego
el deshielo
de tu mirada

sábado

Donde se juntan la tierra con el mar

Óxido de silicio extraído de una playa,
quemado en hornos a la temperatura del infierno: 
terminaste siendo una botella.


Tuviste una breve época de gloria;
muchos te tocaron y acariciaron
otros te miraban penetrando en tus
profundidades, deseándote.
Ahí es cuando te sentiste inigualable
y absolutamente necesaria,
por tener tu corazón de sangre de vino.

Luego llegó ese momento intenso, rápido,
hermoso y doloroso a la vez, cuando
te descorcharon y volcaron tu sangre 
para beberla.
Vos estabas parada ahí mirándolo todo
y notaste cómo se bebían tu vida sorbo a sorbo.
Después no era igual la mirada del que te bebió,
no conseguiste ni siquiera encontrar un brillo
de agradecimiento.


Quedaste así navegando descuidadamente
por el mar de la basura, y sentiste que eras
la más desdichada e indigna criatura;
pasaste por bolsas apretadas, despensas olvidadas,
patios con perros que te mearon...

¿Adónde terminarías? Lo más común sería 
en un gigante cementerio de botellas, 
esperando en silencio el turno para ser 
destrozada y reutilizada.


Y ahí pensaste qué lindo sería que te toque
ser una ventana que mire a las montañas,
aunque te llenen de calcos horribles y pegajosas;
o quizás un adorno cualquiera, 
que no llame mucho la atención a los niños.
También soñaste con que te escogiera una dama
y te arrojara al mar con un designio secreto.

Pero en el fondo la arena te llama
y te pide a gritos que vuelvas a mezclarte
con ella,
a jugar en esa herida inmensa que hay
donde se juntan la tierra con el mar.


martes

Deliro conflagratum

Una vez conocí a un fuego que acusaba
a un trozo de madera de deliro conflagratum,
de creer que estaba ardiendo al estar apagado.


Hecho cenizas, el trozo de madera se mezcló con
la tierra y fue absorvido por las raíces de un árbol
cercano.

El fuego lamió con sus lenguas rojas y amarillas
el tronco del árbol y dijo:
ves, estabas confundido, estás bien apagado

lunes

Vida y muerte de las palabras

¿Cuántos bytes han viajado entre nosotros?
Las palabras se vuelven electricidad, se disuelven 
en un mar de bits que marcan el curso de nuestra
comunicación robótica.
En esta sopa de letras que se atraen y rechazan
según la lógica binaria pesa lo mismo cada letra
y tiene más peso una libélula que un halcón.
Una historia muy corta apenas llega a un kilo,
y toda una novela se apretuja en un solitario mega.
¿Cuántas novelas escribiremos en estos días?

Espero que mis palabras escapen de los dominios atemporales
del byte, y crezcan y mueran en tus ojos.